










Si está planificando una futura escapada o una ruta vehicular por La Mancha, donde el enoturismo sirve como hilo conductor, aquí le presentamos una selección de los lugares más atractivos para visitar en los pueblos mencionados en este recorrido. Esta guía se basa en una experiencia de viaje reciente y detalla los rincones más interesantes que debería explorar, con un enfoque particular en el universo del vino. Además, encontrará información detallada sobre las bodegas más destacadas para visitar en la Ruta del Vino de La Mancha.
Al llegar a Alcázar de San Juan, una pequeña ciudad de aproximadamente 30,000 habitantes, se sorprenderá por su crecimiento. Este desarrollo es el resultado de su evolución como un crucial nudo ferroviario a mediados del siglo XIX, impulsando su comercio. La historia de la ciudad se remonta a la época celtíbera, y aún hoy se pueden apreciar vestigios arqueológicos de la era romana. Un hito fundamental en su historia fue la llegada, en 1189, de la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan, quienes permanecieron en la región durante seis siglos tras su expulsión de Malta.
Durante la estancia de los Caballeros Hospitalarios, se estableció el Gran Priorato de Castilla y León. En Alcázar de San Juan se erigió la Torre del Gran Prior, que actualmente es el monumento patrimonial más relevante de la localidad. Este complejo monumental incluye los restos de las antiguas murallas, la alcazaba árabe, el torreón y la Capilla del Palacio. Hoy en día, estas instalaciones funcionan como museo, abierto al público para visitas, incluyendo la oportunidad de ascender a lo más alto de la torre. En las cercanías, también se pueden admirar los vestigios de una villa romana antigua.
Alcázar de San Juan, en la provincia de Ciudad Real, es un punto clave en la narrativa de El Quijote, con indicios que sugieren que Miguel de Cervantes podría haber nacido allí. Al pasear por el centro histórico, descubrirá una casa con una inscripción que señala el lugar de nacimiento de Cervantes. La visita más enriquecedora en este contexto es la del Museo del Hidalgo, una antigua casona del siglo XVI, modernizada para albergar una intrigante colección de objetos originales que ilustran la vida de los hidalgos. Estos aristócratas rurales de la Edad Media son representados a través de diversas piezas e información distribuidas en las dos plantas del museo, ofreciendo una visión profunda de su estilo de vida.
En Alcázar de San Juan, también se puede visitar el Museo de Alfarería de La Mancha, ubicado en el antiguo Convento de San José del siglo XVII. Su colección, distribuida en tres plantas con temáticas variadas, exhibe desde herramientas de labranza hasta una extensa gama de utensilios y mobiliario agrícola.
El principal atractivo que sin duda lo llevará a Campo de Criptana, en Ciudad Real, son sus célebres molinos de viento. Situados en el Cerro de la Paz, en la parte más elevada del pueblo, este enclave es conocido como la Sierra de los Molinos.
Se cree que la famosa escena de los molinos en El Quijote tuvo lugar en Campo de Criptana, como el propio Cervantes sugiere en su obra. Antiguamente, la localidad llegó a tener 34 molinos, de los cuales hoy subsisten diez. Actualmente, es posible visitar el molino Infanto, uno de los tres que datan del siglo XVI y cuya maquinaria se conserva en perfecto estado. Las reservas se pueden realizar en la Oficina de Turismo, ubicada en otro de los molinos, y el primer domingo de cada mes se puede presenciar la molienda.
En Campo de Criptana, también es imprescindible pasear por el pintoresco Barrio del Albaicín. Este barrio está compuesto por calles y plazas con casas manchegas tradicionales de teja árabe y fachadas blancas y añiles. Un punto central en el Cerro de la Paz es la plaza mirador, donde se encuentra la Ermita de la Paz, que ofrece excelentes vistas panorámicas de la localidad y sus alrededores. Si decide caminar hasta el centro del pueblo, podrá admirar el Pósito Real, un edificio del siglo XVI que alberga un museo dedicado a la historia y cultura de Campo de Criptana. Para culminar su visita, el restaurante Las Musas, situado en la Sierra de los Molinos, es una excelente opción gastronómica, con ambientes variados y hermosas vistas panorámicas del pueblo.
Continuando con la temática de El Quijote, El Toboso se erige como un destino ideal en su recorrido por La Mancha, en la provincia de Toledo. Aquí, el personaje de Dulcinea cobra un protagonismo especial. Se trata de un pueblo pequeño donde se pueden recorrer calles con un encanto único, donde la temática cervantina impregna cada rincón. Su corazón es la Plaza Mayor, hogar de la imponente iglesia de San Antonio Abad, y donde se encuentran esculturas metálicas de Don Quijote y Dulcinea.
En El Toboso, la visita obligada es la Casa Museo de Dulcinea, una recreación de una casona manchega del siglo XVI, con una decoración y numerosos utensilios de época. Este lugar ofrece una inmersión en la vida rural del siglo XVII, evocando la atmósfera quijotesca.
Otras visitas interesantes incluyen el Museo Cervantino, que alberga una notable colección de ediciones de El Quijote en más de 70 idiomas, y el Museo de Humor Gráfico, con una muestra de ilustraciones dedicadas a Dulcinea. No olvide acercarse al encantador Convento de Las Clarisas, del siglo XVI, donde podrá adquirir los dulces tradicionales Pelusas y Caprichos de Dulcinea, elaborados por las monjas.
Socuéllamos, otro de los pueblos manchegos en la provincia de Ciudad Real, le sorprenderá por su moderna torre que se divisa al acercarse. Este municipio es un referente en el enoturismo, rodeado por un mar de viñedos y hogar de 13 bodegas, incluyendo las Bodegas Cristo de la Vega (Crisve), una de las más grandes de Europa, y la Bodega EHD.
El Museo de la Torre del Vino, situado en la antigua estación de autobuses, es un centro que documenta la historia de Socuéllamos y su conexión con el vino. Ofrece diversas actividades, como catas de vinos, y desde lo alto de la torre se disfrutan vistas panorámicas de Socuéllamos y sus extensos viñedos.
Al pasear por el centro histórico de Socuéllamos, no deje de visitar la Casa de la Encomienda, también conocida como Casa de los Mendoza. Esta casona señorial, construida en 1440, fue residencia de los Comendadores de la Orden de Santiago. Junto a ella, la iglesia de la Asunción, del siglo XV, combina elementos góticos tardíos y renacentistas. En su interior, destacan sus bóvedas de crucería y su imponente retablo.
Tomelloso, en la provincia de Ciudad Real, es otro pueblo de profunda tradición vinícola, famoso por sus más de 4,000 cuevas documentadas en el pasado. A finales del siglo XIX, la región vio florecer el cultivo de vides y la proliferación de alcoholeras dedicadas a la destilación alcohólica. Este desarrollo catapultó a Tomelloso a la posición de principal productor mundial de alcohol vínico desde mediados del siglo pasado, gran parte del cual se destina a Jerez para la producción de brandy. En la década de 1950, Tomelloso llegó a contar con más de 60 destilerías y 100 chimeneas. Actualmente, 19 de estas imponentes chimeneas, de más de 20 metros de altura, y otras 13 de menor tamaño, forman parte del patrimonio industrial de la localidad.
En su visita a Tomelloso, además de explorar bodegas y cuevas, como las de las antiguas Bodegas Perales, no puede perderse la Posada de los Portales en la Plaza de España. Este edificio del siglo XVIII, una típica venta manchega, destaca por su patio central y una llamativa fachada con un soportal de columnas que sostienen dos galerías con balcones de madera, capturando la esencia de la arquitectura tradicional.
Tomelloso alberga el Museo de Arte Contemporáneo Infanta Elena, situado en la Cooperativa Virgen de las Viñas, una de las mayores del mundo. Para una inmersión en la tradición agrícola de la región, el Museo del Carro y Aperos de Labranza es una parada obligada. Aquí, además de numerosos utensilios agrícolas, podrá admirar un “bombo”, una construcción rural característica de la zona, edificada con miles de pequeñas piedras. En el ámbito gastronómico, el restaurante La Antigua, ubicado en una casa tradicional manchega, ofrece una versión modernizada de la cocina tradicional castellano-manchega, destacando por su excelente relación calidad-precio.
Una de las tradiciones vinícolas más arraigadas de La Mancha es la fermentación del vino en grandes tinajas de barro cocido. Villarrobledo, en la provincia de Ciudad Real, es el lugar idóneo para sumergirse en esta práctica ancestral.
Desde mediados del siglo XVIII, Villarrobledo ya producía tinajas de gran capacidad. A principios del siglo XX, el pueblo contaba con más de 70 hornos dedicados a la fabricación de tinajas de barro cocido. Aunque esta tradición declinó con la introducción de los depósitos de cemento y, posteriormente, los de acero inoxidable, Villarrobledo sigue siendo hogar de tres de las empresas productoras más importantes. La Bodega César Velasco continúa utilizando 52 tinajas, manteniendo viva esta técnica centenaria.
Para profundizar en esta tradición, visite el Centro de Interpretación de la Alfarería Tinajera. Ubicado en un antiguo alfar y horno de tinajas, este museo exhibe utensilios y narra la historia de esta actividad económica que ha modelado la identidad de Villarrobledo.
En el centro de Villarrobledo, en la plaza de Ramón y Cajal, se encuentran dos de sus edificios más emblemáticos. La Casa Consistorial, sede del ayuntamiento, data del siglo XIV y destaca por su hermosa fachada con una arcada renacentista de 1559, así como por su claustro interior restaurado. El otro edificio prominente es la iglesia de San Blas, del siglo XVI, que fusiona los estilos gótico y renacentista, con impresionantes bóvedas nervadas. También podrá admirar otros edificios de interés, como la Casa de los Téllez, con su portada barroca, y el Círculo Mercantil e Industrial, de estilo postmodernista. Gastronómicamente, el restaurante Azafrán, reconocido por la Guía Michelin y dirigido por Teresa Rodríguez, ofrece una cocina castellano-manchega actualizada y de alta calidad.