



En el corazón del norte de Gales se alza una fortaleza que cautiva a todo aquel que se aventura a explorar sus murallas. El castillo de Caernarfon, un bastión histórico de gran relevancia, se presenta como una parada ineludible para los entusiastas de la arquitectura militar y la historia medieval. Su estratégica posición, que domina la desembocadura del río Seiont, y su profunda conexión con la monarquía británica, lo convierten en un lugar de leyenda donde el pasado cobra vida a cada paso. La experiencia de recorrer este majestuoso monumento es un viaje a través del tiempo, invitando a los visitantes a desentrañar los misterios y la grandeza de una época de conquistas y resistencia.
La construcción del castillo de Caernarfon se inició en 1283, bajo las órdenes del rey Eduardo I de Inglaterra, como parte de su ambiciosa campaña para subyugar Gales. Inspirado en la sofisticada arquitectura de los castillos bizantinos de las Cruzadas, su diseño alargado y sus imponentes torres cilíndricas reflejan una visión arquitectónica avanzada para su tiempo. La edificación, que culminó en 1323, dotó a la región de una fortaleza casi inexpugnable, protegida por el río en un flanco y por una extensión de murallas que abrazaban el antiguo asentamiento medieval en el otro. Esta formidable defensa fue puesta a prueba en el asedio galés de 1403, un evento que subraya la importancia militar y estratégica de Caernarfon a lo largo de los siglos.
Además de su formidable estructura y su papel defensivo, el castillo de Caernarfon es célebre por ser el escenario de una de las ceremonias más emblemáticas de la realeza británica: la investidura del Príncipe de Gales. Este ritual, inmortalizado incluso en producciones televisivas populares, destaca la profunda conexión del castillo con la monarquía. Los visitantes tienen la oportunidad de adentrarse en esta rica historia, imaginando los eventos que tuvieron lugar dentro de sus muros y el significado de cada rincón de esta edificación. La fortaleza es, en esencia, un libro abierto que narra capítulos cruciales de la relación entre Inglaterra y Gales.
Una visita a Caernarfon no estaría completa sin un recorrido exhaustivo por sus murallas, que ofrecen vistas espectaculares del interior del castillo y del pintoresco pueblo que lo rodea. Desde lo alto, se puede contemplar la intrincada red de calles medievales intramuros, la plaza principal y el animado puerto con sus coloridas embarcaciones. Aunque el castillo no alberga salones o estancias interiores conservadas como antaño, la magnificencia de sus restos y la posibilidad de caminar por sus pasadizos y torres compensan con creces. Adicionalmente, una de sus murallas alberga el intrigante museo de los Fusileros Reales de Gales, donde se exhibe una vasta colección de uniformes, armas y condecoraciones que narran la larga trayectoria bélica de este regimiento.
Para obtener la vista más icónica del castillo de Caernarfon, es imprescindible cruzar el puente levadizo hacia la orilla opuesta del río. Desde allí, se despliega una panorámica que encapsula la esencia de esta joya galesa: la silueta del castillo reflejada en el agua, enmarcada por las encantadoras casas del puerto. Este emplazamiento no solo es ideal para la fotografía, sino que también permite apreciar la armonía entre la arquitectura medieval y el entorno natural. El acceso al castillo está disponible en horarios específicos, siendo recomendable consultar la programación detallada según la temporada para asegurar una visita óptima, y las tarifas de entrada varían según la edad y el tipo de grupo, facilitando el acceso a todos los públicos para descubrir este inigualable patrimonio.
Explorar el castillo de Caernarfon es sumergirse en un capítulo vibrante de la historia galesa, donde cada piedra cuenta una historia de poder, tradición y resistencia. La fortaleza invita a los viajeros a desvelar sus secretos, desde sus orígenes como baluarte del rey Eduardo I hasta su papel como escenario de la investidura real, ofreciendo una experiencia inolvidable que combina la grandiosidad arquitectónica con un profundo sentido del pasado.