Aventura y Naturaleza

La Física y la Felicidad: Un Diálogo con Alejandro Cencerrado

Tiempo de Publicación : 2025-11-10

En un mundo donde la medición y la mejora son constantes, el concepto de felicidad, tradicionalmente abordado por la psicología, ha comenzado a ser explorado desde una perspectiva científica más amplia. Alejandro Cencerrado, un físico originario de Albacete y actualmente analista senior en el Instituto de la Felicidad de Copenhague, es una figura clave en esta intersección. Su trabajo se centra en aplicar metodologías rigurosas para cuantificar el bienestar, un esfuerzo que inició con la medición de su propia felicidad y que ahora extiende al análisis de datos a gran escala. Esta aproximación no solo busca comprender qué hace felices a las personas, sino también cómo factores como la edad, las relaciones sociales y la tecnología influyen en el estado de ánimo colectivo, desafiando percepciones comunes sobre la felicidad y el desarrollo emocional.

Cencerrado, quien estudió Ciencias Físicas en la Universidad Complutense de Madrid, explica que los físicos poseen una habilidad innata para el análisis de datos. Esta capacidad es fundamental en su rol en el Instituto de la Felicidad, donde se dedican a examinar grandes volúmenes de información para discernir los elementos distintivos entre las personas felices y las infelices. Su interés en la felicidad no es meramente académico; comenzó a los 18 años, cuando ideó un sistema personal para evaluar su propio bienestar diariamente, calificándolo del uno al diez. Este método introspectivo sentó las bases para su trabajo actual, al darse cuenta de que los factores que afectaban su estado de ánimo eran universales.

Cuando se le pregunta sobre la validez científica de su metodología inicial, Cencerrado confirma que su enfoque es consistente con las mediciones más aceptadas en el campo, que se centran en la satisfacción general con la vida y aspectos específicos como el trabajo o la salud. Uno de los temas más debatidos en su área es la llamada “curva de la felicidad”, que sugiere que el bienestar disminuye en la mediana edad antes de recuperarse en la vejez. Si bien esta tendencia es observable en países como Dinamarca, Cencerrado señala que en España los datos de 2021 aún muestran una curva en forma de U, aunque reconoce la dificultad de obtener mediciones precisas para los más jóvenes.

La conversación también aborda el impacto de las redes sociales en el bienestar, especialmente entre los adolescentes. Aunque la comunidad científica está dividida, Cencerrado sostiene que el efecto no es tan drástico como a menudo se percibe. Sin embargo, advierte sobre los peligros del abuso de estas plataformas, que pueden “atrofiar el cerebro social” si se convierten en la única vía de interacción. Desde su experiencia personal, el físico relata cómo, al mudarse a Copenhague y sentirse solo, su teléfono móvil fue una herramienta crucial para mantener el contacto con sus amistades, convirtiéndose en una fuente de bienestar. En cuanto al acoso infantil, Cencerrado cree que, a pesar de las preocupaciones, existe una mayor conciencia sobre el daño que puede causar, lo que podría estar mitigando su incidencia en la actualidad.

Finalmente, Cencerrado subraya que el papel de las escuelas no debe ser garantizar una felicidad constante en los niños, sino enseñarles a manejar sus emociones, incluyendo el enfado, la culpa, la vergüenza, la soledad y la tristeza, que son aspectos inherentes a la vida. En un contexto donde la inteligencia artificial genera dudas sobre qué conocimientos transmitir, el físico enfatiza la importancia de educar en habilidades relacionales, empatía y gestión emocional. Considera que muchos problemas de salud mental derivan de la incapacidad para lidiar con estas emociones. Aboga por un cambio social que promueva la honestidad sobre las experiencias humanas, mostrando que sentimientos como la tristeza o la ausencia de planes son normales, lo que, a su juicio, podría conducir a una disminución de los desafíos de salud mental. Menciona iniciativas gubernamentales en países nórdicos y Nueva Zelanda, que miden el bienestar para abordar problemas sociales, como ejemplos a seguir, destacando que “cuando se mide, el foco se pone ahí”.